Tú acortas los días con tu magia sin igual,
cuéntame tus sueños, ¿serán verdad o ficción?
No importa, creeré cada narración,
sí dices que fuiste sirena, no dudaré ni un instante,
sí cuentas que has tocado la luna, creeré ferviente.
Tu vida es un universo, vasto y deslumbrante,
mi existencia, a su lado, parece tan distante.
Relata lo que hoy tus ojos han admirado,
carruajes de papel, cerezas en lámparas colgadas,
a tu lado, el tiempo es un suspiro, un instante.
Cuéntame esos cuentos donde vuelas, donde nadas,
en nubes algodonosas, en cosmos sin limitadas.
Narra una historia eterna, sin final, sin despedida,
donde cada día revelas un poco más de tu vida.
24 abril 2010
14 abril 2010
Es momento de avanzar
¿Cómo podré del sueño despertar,
en el que me encuentro, perdido en la oscuridad?
Anhelo abrir los ojos, la realidad enfrentar,
pero temo que, al hacerlo, solo hallaré la soledad.
Dejaré atrás el sueño, esa ilusión que no puedo guiar,
me alzaré con valentía, a la realidad me enfrentaré sin dudar.
¿Dónde se han ido los sueños que me hicieron aspirar?
Es momento de avanzar, de los ojos abrir, de verdad despertar.
en el que me encuentro, perdido en la oscuridad?
Anhelo abrir los ojos, la realidad enfrentar,
pero temo que, al hacerlo, solo hallaré la soledad.
Dejaré atrás el sueño, esa ilusión que no puedo guiar,
me alzaré con valentía, a la realidad me enfrentaré sin dudar.
¿Dónde se han ido los sueños que me hicieron aspirar?
Es momento de avanzar, de los ojos abrir, de verdad despertar.
11 abril 2010
Directorio telefónico
Amor en el directorio telefónico,
donde la poesía se escribe en páginas amarillas,
impresas con tintas de colores vivos,
y repletas de imágenes que hablan.
Si buscas con atención,
ahí me encontrarás anunciado,
ofreciendo mi humilde corazón al mejor postor,
quizás alguien lo valore más de lo que yo lo hice.
¿Quién desearía un corazón hecho añicos?
¿Como pisapapeles o como lastre bajo el neumático?
Amor, ese que se halla en el directorio telefónico,
donde hay más escritura en un solo libro amarillo,
más poesía que la que podría plasmar en papel.
Poesía que resuena en el oído,
que te sintoniza con la frecuencia del sentir,
hay más versos en un directorio telefónico,
de los que jamás podría dedicarte.
Oh sí, llenas de imaginación,
describen lo maravilloso que sería,
si te escribiera un libro,
con historias tan diversas como la vida misma.
Oh no, podrían ser números al azar,
pero describen mi mundo,
en la búsqueda de la dirección correcta,
amor en el directorio telefónico.
donde la poesía se escribe en páginas amarillas,
impresas con tintas de colores vivos,
y repletas de imágenes que hablan.
Si buscas con atención,
ahí me encontrarás anunciado,
ofreciendo mi humilde corazón al mejor postor,
quizás alguien lo valore más de lo que yo lo hice.
¿Quién desearía un corazón hecho añicos?
¿Como pisapapeles o como lastre bajo el neumático?
Amor, ese que se halla en el directorio telefónico,
donde hay más escritura en un solo libro amarillo,
más poesía que la que podría plasmar en papel.
Poesía que resuena en el oído,
que te sintoniza con la frecuencia del sentir,
hay más versos en un directorio telefónico,
de los que jamás podría dedicarte.
Oh sí, llenas de imaginación,
describen lo maravilloso que sería,
si te escribiera un libro,
con historias tan diversas como la vida misma.
Oh no, podrían ser números al azar,
pero describen mi mundo,
en la búsqueda de la dirección correcta,
amor en el directorio telefónico.
A tu lado
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
que el dulce hechizo del amor volvería a mi lado,
que, en ti, mi tesoro, la dicha encontraría,
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
Quizá no sea perfecto, puede que me equivoque,
más ya no me turba, no me causa desvelo,
me entrego a este flujo de cariño que me toque,
y en tus brazos, de nuevo, me elevo al cielo.
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
que el amor llamaría de nuevo a mi puerta,
que en tu mirar hallaría el sol de mis mañanas,
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
A tu lado sé que siempre estaré,
en un ensueño despierto, en un vivir soñado,
contigo me hallo, al fin te encontré,
y en este querer, nuestro cuento ha empezado.
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
que me enamoraría con tal fervor,
que en ti hallaría la genuina felicidad,
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
Ahora, tímido soy al revelar mi emoción,
duermo con la esperanza de que sueñes conmigo,
enamorado estoy, y eso ocupa mi razón,
no temo errar, pues contigo, todo es abrigo.
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
que de nuevo el amor en mi vida florecería,
que, en ti, mi amor, la felicidad encontraría,
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
que el dulce hechizo del amor volvería a mi lado,
que, en ti, mi tesoro, la dicha encontraría,
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
Quizá no sea perfecto, puede que me equivoque,
más ya no me turba, no me causa desvelo,
me entrego a este flujo de cariño que me toque,
y en tus brazos, de nuevo, me elevo al cielo.
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
que el amor llamaría de nuevo a mi puerta,
que en tu mirar hallaría el sol de mis mañanas,
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
A tu lado sé que siempre estaré,
en un ensueño despierto, en un vivir soñado,
contigo me hallo, al fin te encontré,
y en este querer, nuestro cuento ha empezado.
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
que me enamoraría con tal fervor,
que en ti hallaría la genuina felicidad,
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
Ahora, tímido soy al revelar mi emoción,
duermo con la esperanza de que sueñes conmigo,
enamorado estoy, y eso ocupa mi razón,
no temo errar, pues contigo, todo es abrigo.
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
que de nuevo el amor en mi vida florecería,
que, en ti, mi amor, la felicidad encontraría,
¿Quién lo hubiera dicho? ¿Quién lo hubiera imaginado?
03 marzo 2010
El sultán
Desde la estancia principal, un sultán de corazón noble y mirada humilde se desplazaba hacia el patio, su ritual diario, para deleitarse con el canto de su preciado canario. La música que el ave tejía era su más hermoso tesoro, y su corazón vibraba al compás de aquellas melodías encantadoras. Pero aquel día, el sultán notó el deterioro de la jaula que albergaba a su canario, una estructura dividida en cuartetos simétricos, donde la seguridad de su compartimento dejaba mucho que desear. Con sumo cuidado, tomó al canario entre sus manos y lo trasladó a un rincón más seguro de la jaula, aunque observó con inquietud los orificios que salpicaban el lugar, portales a la libertad que el canario podría anhelar.
Al abrir la puerta y situar al canario en su nuevo aposento, el sultán sintió una efímera felicidad. No pasó mucho tiempo antes de que el canario encontrara un resquicio por el cual escapar y volar lejos, dejando al sultán impotente y sumido en lágrimas. Sin embargo, la sorpresa inundó su ser cuando el sonido familiar del canto del canario acarició sus oídos; el ave había regresado, posándose sobre el hombro del sultán. El canario había vuelto, y los ojos del hombre reflejaban la más pura felicidad, iluminando cada rincón de su morada.
Al abrir la puerta y situar al canario en su nuevo aposento, el sultán sintió una efímera felicidad. No pasó mucho tiempo antes de que el canario encontrara un resquicio por el cual escapar y volar lejos, dejando al sultán impotente y sumido en lágrimas. Sin embargo, la sorpresa inundó su ser cuando el sonido familiar del canto del canario acarició sus oídos; el ave había regresado, posándose sobre el hombro del sultán. El canario había vuelto, y los ojos del hombre reflejaban la más pura felicidad, iluminando cada rincón de su morada.
La carrera
En la antigua Grecia, donde los dioses jugueteaban con los destinos de los hombres, se celebraba una carrera sin igual. Era un desafío que invitaba a los atletas de todo el país a desafiar los límites de su mortalidad, recorriendo la frontera entera para luego regresar al punto de partida. Solo tres héroes, cuyos nombres resonaban como ecos de gestas pasadas, respondieron al llamado.
El alba del día señalado trajo consigo la tensión de la espera y la promesa de la gloria. Los competidores, estatuas vivientes de la perfección helénica, se alinearon en la salida. Pero entre ellos, una sombra pasó inadvertida, un hombre más se sumó a la lista, un cuarto concursante cuya presencia era un misterio. Era el ciego, aquel que, sin ver, veía más allá de lo que los ojos pueden contar. Nadie osó reír, pues en su silencio, había un respeto tácito, y sin reglas que prohibieran su participación, la carrera dio inicio.
Los atletas, como flechas despedidas por arcos divinos, se lanzaron en su cometido. El ciego, sin embargo, avanzaba con la serenidad de quien conoce otros ritmos. La piedra bajo sus pies era su guía, el eco de su bastón, su oráculo. La noche cayó como un telón, y en su oscuridad, el ciego tropezó con un tronco traicionero. Herido, pero no vencido, apartó el obstáculo y continuó su odisea. Al siguiente día, una roca desafiante encontró su camino, y con el dolor marcando sus piernas, la movió, dejando libre la senda. Otra noche, y las ramas de un árbol anciano arañaron su rostro; con manos firmes, las cortó, liberando su ruta.
El ciego alcanzó la meta, lacerado, exhausto, pero su espíritu intacto. Lo que nunca imaginó fue el estruendo de una multitud que lo aclamaba, una ola de júbilo por un hombre que, sin luz, iluminó a Grecia con su hazaña. Se convirtió en leyenda, no por la rapidez, sino por la inquebrantable voluntad de su corazón.
Los otros tres atletas, testigos de su fuerza, lo alzaron en hombros, no como un competidor, sino como un triunfador del espíritu humano. Y así, el ciego fue llevado en triunfo, no solo por el pueblo, sino por la historia, que lo recordaría no por la carrera, sino por la travesía de su alma indomable.
El alba del día señalado trajo consigo la tensión de la espera y la promesa de la gloria. Los competidores, estatuas vivientes de la perfección helénica, se alinearon en la salida. Pero entre ellos, una sombra pasó inadvertida, un hombre más se sumó a la lista, un cuarto concursante cuya presencia era un misterio. Era el ciego, aquel que, sin ver, veía más allá de lo que los ojos pueden contar. Nadie osó reír, pues en su silencio, había un respeto tácito, y sin reglas que prohibieran su participación, la carrera dio inicio.
Los atletas, como flechas despedidas por arcos divinos, se lanzaron en su cometido. El ciego, sin embargo, avanzaba con la serenidad de quien conoce otros ritmos. La piedra bajo sus pies era su guía, el eco de su bastón, su oráculo. La noche cayó como un telón, y en su oscuridad, el ciego tropezó con un tronco traicionero. Herido, pero no vencido, apartó el obstáculo y continuó su odisea. Al siguiente día, una roca desafiante encontró su camino, y con el dolor marcando sus piernas, la movió, dejando libre la senda. Otra noche, y las ramas de un árbol anciano arañaron su rostro; con manos firmes, las cortó, liberando su ruta.
El ciego alcanzó la meta, lacerado, exhausto, pero su espíritu intacto. Lo que nunca imaginó fue el estruendo de una multitud que lo aclamaba, una ola de júbilo por un hombre que, sin luz, iluminó a Grecia con su hazaña. Se convirtió en leyenda, no por la rapidez, sino por la inquebrantable voluntad de su corazón.
Los otros tres atletas, testigos de su fuerza, lo alzaron en hombros, no como un competidor, sino como un triunfador del espíritu humano. Y así, el ciego fue llevado en triunfo, no solo por el pueblo, sino por la historia, que lo recordaría no por la carrera, sino por la travesía de su alma indomable.
27 febrero 2010
Sueños efímeros
Aquí estás, en el silencio de mis plegarias,
aquí te siento, en el espejo de mis lágrimas.
¿Qué esperas para cruzar el umbral?
Sueños efímeros, tormentos que devastan,
días agotados de no poder verte más.
Noches frías, sin tu presencia en mis brazos.
Pero no te olvido, pues en mi alma estás,
te amo, eres el aire que respiro,
la eterna e inmutable verdad.
aquí te siento, en el espejo de mis lágrimas.
¿Qué esperas para cruzar el umbral?
Sueños efímeros, tormentos que devastan,
días agotados de no poder verte más.
Noches frías, sin tu presencia en mis brazos.
Pero no te olvido, pues en mi alma estás,
te amo, eres el aire que respiro,
la eterna e inmutable verdad.
17 febrero 2010
Ya no soy
Me sumerjo en el vacío,
por mi destino, alma en desafío,
olvidé ya el llanto derramado,
en este abismo, oscuro y callado.
Ya no soy quien era ayer,
transformado, lo debo reconocer,
los tatuajes se desvanecen lentos,
dejando marcas, de mis tormentos.
Venas desgarradas, nervios rotos,
en mi ser ya no quedan votos,
no hay más que pueda hacer,
perderte, eso sí puedo temer.
El tren de las tres ya está aquí,
subiré, de esta realidad huir,
la piedra de mi castigo cargaré,
y hacia el infinito viajaré.
por mi destino, alma en desafío,
olvidé ya el llanto derramado,
en este abismo, oscuro y callado.
Ya no soy quien era ayer,
transformado, lo debo reconocer,
los tatuajes se desvanecen lentos,
dejando marcas, de mis tormentos.
Venas desgarradas, nervios rotos,
en mi ser ya no quedan votos,
no hay más que pueda hacer,
perderte, eso sí puedo temer.
El tren de las tres ya está aquí,
subiré, de esta realidad huir,
la piedra de mi castigo cargaré,
y hacia el infinito viajaré.
La luz de la voluntad
En la noche más profunda,
cuando la salida parezca esfumarse,
resplandecerá una luz intensa,
la sombra se disipará,
y la claridad se impondrá.
No hay razón para el temor,
mientras en el firmamento,
las estrellas dan consuelo,
la esperanza se mantendrá.
Que tiemblen los que al mal se entregan,
y aquellos que su culto riega,
pues al ver la luz de la voluntad,
lamentarán su oscuridad.
Sigamos en nuestra senda,
aunque el dolor nos tienda,
la gloria al fin será vista,
luchemos por nuestra justa conquista.
Y si en la lucha caemos,
con más brío nos levantemos,
el mundo es nuestra estancia,
y la luz de la verdad, nuestra guía.
El mal ya no tendrá cabida,
no lastimara la bondad querida,
que de nuestros corazones brota,
como fuente de vida remota.
cuando la salida parezca esfumarse,
resplandecerá una luz intensa,
la sombra se disipará,
y la claridad se impondrá.
No hay razón para el temor,
mientras en el firmamento,
las estrellas dan consuelo,
la esperanza se mantendrá.
Que tiemblen los que al mal se entregan,
y aquellos que su culto riega,
pues al ver la luz de la voluntad,
lamentarán su oscuridad.
Sigamos en nuestra senda,
aunque el dolor nos tienda,
la gloria al fin será vista,
luchemos por nuestra justa conquista.
Y si en la lucha caemos,
con más brío nos levantemos,
el mundo es nuestra estancia,
y la luz de la verdad, nuestra guía.
El mal ya no tendrá cabida,
no lastimara la bondad querida,
que de nuestros corazones brota,
como fuente de vida remota.
16 febrero 2010
Solo de ti
Me enamoro, quedo hechizado, conquistado,
en un efímero instante, un momento alado,
tu rostro vi, y con tu sonrisa me obsequiaste,
bastó ese segundo, en amor me transformaste.
Sabrás que mi palabra es sincera y fiel,
mírame a los ojos, verás que es cierto,
que mi corazón late fuerte por ti,
pero anhelo saber, ¿Qué sientes tú por mí?
Deseo despertar cada día a tu lado,
vivo un amor platónico, sublime y gentil,
enamorado de ti, solo de ti,
y de nadie más que de ti.
en un efímero instante, un momento alado,
tu rostro vi, y con tu sonrisa me obsequiaste,
bastó ese segundo, en amor me transformaste.
Sabrás que mi palabra es sincera y fiel,
mírame a los ojos, verás que es cierto,
que mi corazón late fuerte por ti,
pero anhelo saber, ¿Qué sientes tú por mí?
Deseo despertar cada día a tu lado,
vivo un amor platónico, sublime y gentil,
enamorado de ti, solo de ti,
y de nadie más que de ti.
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