20 mayo 2011

Se desvanecieron

Se desvanecieron aquellos dibujos,
y los poemas, poco a poco, se perdieron.
Mis recuerdos, de la mente se deslizaron,
y otros tantos, con mis lágrimas se fueron.

¿Por qué intentar recuperar lo que se ha ido?
Es buscar en el mar una lágrima caída.
No hay razón para esperar, no hay motivo,
cuando su felicidad en otros brazos anida.

La amo, y su alegría es mi deseo,
aunque su sonrisa no sea para mí.
Quiero su felicidad, sin ningún pero,
y ahora me toca a mí partir.

Quizás en algún lugar, ella me busca,
espero no sea tarde, que aún tenga luz la antorcha.
Rezo para que no haya sido en vano,
que no la haya dejado ir, sin haberlo notado.

18 mayo 2011

Una princesa hechizada

En la penumbra del bosque se ocultaba el espíritu de una princesa hechizada, cuya belleza y ternura eran incomparables. Su rostro, de líneas finas y delicadas, se complementaba con una piel tersa, cabellos lacios de un dorado resplandeciente y ojos cautivadores, oscuros como el abismo nocturno. Su figura esbelta y de baja estatura se envolvía en un manto blanco, tan luminoso como el día en su cénit.

Habitaba sobre una roca en el corazón de un lago, emergiendo solo al caer la noche. La princesa se deleitaba jugando con el viento, creando sinfonías al agitar las ramas de los árboles y entonando nana a los peces del lago para arrullar sus sueños.

Acicalaba la luna con sus caricias, buscando su tacto frío; conversaba con las estrellas, confidentes de sus sueños más íntimos. A veces, se entregaba a la danza sobre las aguas de la laguna, haciendo que las luciérnagas se sumaran a su baile en un coro de luz. Las aves nocturnas entonaban sus melodías, encantadas por la visión de la niña entre giros y saltos.

Cada noche se desplegaba un espectáculo de pura imaginación. La princesa destilaba felicidad, y con ella, todos los seres que compartían su entorno: los animales del bosque, el viento, la noche misma, la luna, las estrellas y los árboles; todos participaban de esa dicha inefable.

Ella recitaba versos que todos atendían, narraba historias que todos absorbían. Era una bendición su presencia, pues con el tiempo, esos espíritus se han ido esfumando. Pero ella se resiste a desaparecer, aferrándose a la esperanza de seguir esparciendo alegría entre los demás.

17 mayo 2011

La princesa y el vagabundo

En un reino oculto entre las sombras de un bosque ancestral, residía el espíritu de una princesa hechizada. Su belleza, de una naturaleza tan divina que se decía, ningún mortal era digno de contemplarla sin arriesgar la vida misma. Como si su mera visión fuera un edicto de muerte para aquellos ojos impuros que osaran posarse sobre ella. Su voz, un eco celestial, permanecía igualmente silenciada, pues no existían oídos merecedores de tal sinfonía.

Confinada en su soledad, la princesa se convertía en leyenda; su existencia, un murmullo entre los árboles que custodiaban su prisión de aire y luz. El reino, protegido por el temor reverente a su canto, se mantenía intacto, pues se creía que su melodía podía doblegar ejércitos enteros o condenarlos a la muerte si no eran dignos de su gracia.

La princesa, encerrada en su torre de marfil, anhelaba la calidez de un abrazo, la simpleza de un saludo, o la ternura de un beso. Nunca invitada a danzar, su figura se desvanecía en la penumbra del castillo, donde cada paso resonaba con el eco de su soledad.

Cuando se aventuraba más allá de sus muros, el mundo se inclinaba ante ella, temeroso de un estornudo o una palabra que pudiera desatar su poder involuntario. Sus ojos, dos esferas de noche eterna, jamás se encontraron con otra mirada. Sola y temida, así estaba destinada a vivir, hasta que un día, todo cambió.

Un joven vagabundo, ajeno a las leyendas y miedos del reino, se adentró en el bosque con sus lentes de madera, tan ciegos como su portador. Eran su única guía en un mundo de sombras y siluetas. Por azares del destino, sus pasos lo llevaron al jardín real, donde la princesa, sumida en su soledad, lloraba por un destino de aislamiento perpetuo.

La presencia del muchacho, tan inesperada como una brisa en calma, despertó en ella una mezcla de temor y curiosidad. Se mantuvo oculta, observando cómo él, perdido, pedía ayuda a la nada. Su voz, un murmullo entre las hojas, apenas alcanzó los oídos del joven, que respondió con una sonrisa, la primera que ella había provocado en mucho tiempo.

Nació así una amistad secreta, un vínculo que la princesa guardaba como el más preciado de los tesoros. Nunca reveló su verdadera identidad, temerosa de que el conocimiento pudiera romper el encanto y alejar a su único amigo.

Los días se sucedían entre juegos y conversaciones, un oasis de felicidad en la vida acorazada de la princesa. Pero como todas las historias de encantamientos, la magia es frágil y el destino, caprichoso.

El joven, en su búsqueda de un presente para su amiga, se topó con un río que brotaba de las raíces de un árbol colosal. La curiosidad lo llevó a lavarse el rostro con aquellas aguas misteriosas, y como por arte de magia, su vista fue restaurada. La emoción lo embargó tanto que corrió a compartir su alegría con la princesa, sin saber que su nueva habilidad traería consigo una separación dolorosa.

La princesa, al percatarse del cambio, se ocultó, temiendo dañar al muchacho que había conquistado su corazón. El vagabundo, incapaz de encontrarla, decidió pedir ayuda a la única que creía podía localizar a su amiga: la princesa del reino.

Siguiendo las estrictas instrucciones de los guardias para preservar su vida, se presentó ante ella, cabeza gacha, corazón palpitante. La princesa, desde su trono, derramó una lágrima al reconocerlo. Él, ajeno a su identidad, escribió en un libro su súplica por encontrar a la amiga que tanto amaba.

La respuesta de la princesa fue un enigma envuelto en amor: debía renunciar a su vista recién encontrada para reunirse con su amada. Sin dudarlo, el joven buscó el río y, al consumir una hoja del árbol mágico, su mundo se sumió nuevamente en oscuridad.

Saltó de felicidad, sin percatarse de que sus lentes caían al río, perdiéndose para siempre. Corrió en busca de su amiga, sin saber que se adentraba en un laberinto sin salida. La princesa lo esperó, día tras día. Con el corazón roto, continuó su vigilia, esperando un reencuentro.

Mientras el joven vagabundo se perdía en la inmensidad del bosque, la princesa, movida por un impulso de amor y esperanza, decidió romper con su destino. Con cada paso que daba fuera de su castillo, las cadenas de su maldición se debilitaban, desafiando los antiguos hechizos que la ataban.

Guiada por el vínculo invisible que los unía, encontró al joven errante, sus lentes de madera flotando en el río, testigos mudos de su sacrificio. Con un gesto de valentía, se reveló ante él, y al mirarla, él no vio más que una sombra, pero supo que era ella, su amiga, la que había llenado sus días de luz.

El amor verdadero había triunfado sobre la maldición, y la princesa, por primera vez, pudo ser vista sin temor a causar daño. Los dos, liberados de los temores y supersticiones, regresaron al reino. La noticia de su amor y la ruptura del hechizo corrió como un río de estrellas, llevando consigo un mensaje de esperanza y renovación.

El reino celebró la unión de la princesa y el joven, y desde aquel día, la belleza y la voz de la princesa ya no fueron motivo de miedo, sino de admiración y alegría. Juntos, gobernaron con justicia y bondad, recordando siempre que la verdadera magia reside en el corazón y en la valentía de cambiar nuestro destino.

Escucha bien

¿Quieres descubrir un secreto?
Siempre te amé, eso es concreto.
No lo oculto, siempre estaré,
como un tonto, esperando otra vez.

Escucha bien este secreto mío,
nunca dejé de pensar en ti, ni un día frío.
Desde tu ausencia, aquí sigo de pie,
junto a una piedra, esperando a que veas.

Atiende a lo que voy a confesar,
una vez te esperaré en este lugar.
Y quizás continúe haciéndolo, otra vez más,
me cansaré, lo sé, pero por ti lo enfrentaré.

Aunque no me quieras, como yo a ti,
este secreto guardo solo para mí.
Por fin, mi secreto voy a revelar,
te amo de una forma sin igual.

Eres única para mí, eso es verdad,
aunque tú no lo sepas, no puedo confesar.
Solo espero que algún día puedas descubrir,
este amor que guardo aquí, solo para ti.

30 abril 2011

Melodía al viento

Ha llegado el momento, de escapar del tiempo,
de entonar una melodía al viento.
Oír el lamento de las ramas al danzar,
y sentir el frío acariciar mi rostro al pasar.

Te recuerdo

Te recuerdo tan claro, tan presente,
aquel día que hablé, mi voz valiente.
Un momento grabado, inolvidable,
más te has ido, distante, intocable.

Te extraño, sí, mas no derramo llanto,
mis lágrimas se agotaron con tu espanto.
Aún te amo, eso no puedo negar,
en mis pensamientos, no dejas de estar.

¿Será que nuestro adiós no es el final?
Fugaz fue el tiempo, juntos, especial.
Te amo, lo confieso sin pesar,
pero te fuiste, lejos, sin mirar.

Te abracé, más tu alma no reaccionó,
versos de amor escribí, tu voz calló.
Te busqué, pero te alejabas más,
extraño aquellos días, nuestra paz.

En mi corazón, te guardo sin rencor,
olvidé lo amargo, salvé lo mejor.
Esos recuerdos, en mí, se quedarán,
escondidos, para siempre brillarán.

Te amo, es verdad, más vivo sin tu ser,
quisiera un día más, volver a ver.
No sé por qué partiste sin razón,
no juzgo tu actuar, sigue el corazón.

Te extraño, sí, y aunque fue tarde ya,
aquella vez que te abracé, sin más.
Me giré, dejándote atrás, al fin,
mas no niego, amor aún hay en mí.

Quizás, algún día, nos veamos otra vez,
hablemos, y tal vez, como aquel ayer,
nos miremos, con la misma ilusión,
como cuando te vi, primera ocasión.

Solo quiero que sepas, sin temor,
los bellos momentos, nuestro amor,
están guardados, en mi corazón,
y ahí vivirán, eterna canción.

09 abril 2011

Hace ya tiempo

Hace ya tiempo, en un pasado lejano,
respiré el dulce aroma del amor temprano.
Entró en mi ser, sin pedir permiso,
e invadió mi corazón con suave hechizo.

06 abril 2011

En mi corazón reside

Comienzo a plasmar palabras, aguardando un instante de confusión, impregnado de melancolía. Quizás sea ilusorio el soñar, o acaso al fantasear, se teje un relato del que jamás se escapa, una historia que se anhela convertir en realidad. Tal vez despierte de este ensueño.

¿Dónde estaré? Perdido entre la inmensidad del mar y la vastedad del cielo, flotando en el universo, balanceándome entre el odio y el amor. En un sinfín de lugares me hallaré. Algún día, todas las emociones renacerán, tan vibrantes y coloridas como la infinitud del cosmos. El secreto permanece oculto, y nadie lo desvelará. En mi corazón reside la esencia verdadera de mi ser.

04 abril 2011

La niña con cabello de sol

En un rincón del mundo donde los jardines flotan y los cristales refractan sueños, vivía una niña con cabello de sol y ojos de cielo despejado. Ella tenía el don de leer las historias que el viento guardaba entre las hojas.

La niña pasaba sus días entre libros y pergaminos, tan absorta en sus lecturas que olvidaba el juego y la risa. Los niños del pueblo la invitaban a correr bajo el sol, a explorar los montes y a reír bajo el cielo azul, pero ella prefería sumergirse en las aventuras que solo podía vivir a través de las palabras.

Un día, mientras el sol tejía hilos de luz entre su cabello, la niña encontró un libro sin título, con páginas en blanco que parecían esperar ser llenadas. Intrigada, tomó su gis y comenzó a escribir, no historias de otros, sino la suya.

Con cada palabra, los jardines colgantes se mecían, y los cristales cantaban melodías que solo ella podía escuchar. Y así, sin darse cuenta, la niña comenzó a jugar, a bailar con las sombras y a reír con el eco de su propia voz.

El tiempo, que antes componía solo para ella, ahora marcaba el ritmo de un juego nuevo y maravilloso. Los niños del pueblo se reunieron alrededor de los jardines colgantes, observando cómo la niña, por fin, dejaba su mirada de miel vagar más allá de las páginas.

“Ven y juega con nosotros”, le gritaban, y esta vez, la niña cerró su libro y se unió a ellos. Juntos, corrieron bajo el sol, y el cielo, en efecto, nunca había sido más azul, el monte más alto, y la pequeña, con su risa resonando en el aire, nunca había estado más hermosa.

Y así, entre juegos y risas, la niña aprendió que la vida es el más maravilloso de los cuentos, uno que merece ser vivido y no solo leído.

No es un imposible

Imagina, por favor, una vez más,
te lo pido, solo imagina,
por un instante, piensa en la posibilidad,
lo maravilloso que sería,
retomar aquel amor, ser pareja de nuevo.

No es un imposible lo que te pido,
solo visualiza,
cómo seríamos, enamorados otra vez,
me volvería a enamorar de ti,
como en aquel primer encuentro,
te besaré despacio, con ternura,
y lo más importante,
seríamos novios, una vez más.

No es complicado, si tú lo deseas,
yo también diré que sí,
empecemos de nuevo,
sin miedo al pasado.

Tal vez nos aguarde un final feliz,
quizás ya estaba escrito,
que volveríamos a unir nuestros caminos,
y todo comenzaría otra vez.
Pero eso no importa ahora,
solo deseo imaginar qué habría sido,
si tú y yo, continuáramos juntos,
aunque el tiempo avance y no pueda volver,
imagina que reiniciamos nuestra historia,
besar, abrazar, conversar, crear, soñar, danzar y cantar.

Creo que de los errores aprendemos,
perdonémonos y reiniciemos nuestro viaje,
si tú estás dispuesto, yo también lo estoy,
y si no lo deseas, ¿qué más se puede hacer?
Solo te pido, que te imagines, una vez más,
sí volviéramos a empezar.