A medida que los años pasaban, ella se sumergía cada vez más en su mundo interior. Sus versos se volvían más íntimos, personales, explorando temas como la soledad, el paso del tiempo y la búsqueda de la identidad. Se sentía como una hoja seca arrastrada por el viento, sin rumbo fijo.
Un día, mientras ordenaba su viejo estudio, la muchacha encontró una pequeña vid seca en un rincón de su escritorio. Era un recuerdo de un viaje que había hecho años atrás, cuando aún sentía la vida con intensidad. Decidió plantarla en una maceta y cuidarla con esmero.
Con el paso de las semanas, la vid seca comenzó a mostrar signos de vida. Brotes verdes surgieron de sus nudos, y pronto comenzó a trepar por un pequeño enrejado que la chica había construido. La muchacha observaba su crecimiento con asombro y ternura. En esa pequeña vid veía una metáfora de la vida: algo aparentemente muerto podía volver a la vida, si se le daba el cuidado y la atención necesarios.
A medida que la vid crecía, ella se daba cuenta de que estaba cambiando también. La soledad que la había acompañado durante tanto tiempo comenzaba a disiparse. La vid se había convertido en su compañera, en su razón para levantarse cada mañana.
Un día, mientras podaba su vid, ella se dio cuenta de que la maceta se le había quedado pequeña. Necesitaba un espacio más grande para crecer. Decidió trasladarla al jardín de su casa, un lugar que había descuidado durante años.
Al llegar al jardín, la chica se sorprendió al ver lo descuidado que estaba. Las malas hierbas habían invadido los senderos, y los árboles frutales estaban llenos de ramas secas. Sin embargo, en lugar de sentirse desalentada, ella sintió una oleada de energía. Se puso a trabajar con entusiasmo, podando y preparando la tierra para su vid.
Con el tiempo, la vid se convirtió en un pequeño viñedo. Las uvas comenzaron a crecer, verdes y brillantes al sol. La muchacha las observaba con orgullo, sabiendo que eran el fruto de su trabajo y de su paciencia. Ella se dio cuenta de que la vida, al igual que la vid, necesitaba tiempo para madurar. Y que, al igual que las uvas, cada uno de nosotros llevamos dentro de nosotros la semilla de algo grande y hermoso.
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