—Te deseo lo mejor.
—Sí, solo es octubre.
—¿Qué tiene que ver que sea octubre?
—Me gustan las noches de octubre.
—A mí no tanto.
—¿Qué puedo decirte? Siempre es…
—¿Siempre es?
—Siempre es en algún lugar.
—¿En algún lugar?
—Es primavera
—Pero estamos en otoño.
—Las estaciones son relativas.
—¿Relativas a qué?
—A cómo te sientes.
—Hoy me siento como un día de verano.
—El sol siempre brilla.
—¿Incluso cuando llueve?
—Especialmente cuando llueve.
—Eso suena contradictorio.
—La vida está llena de contradicciones.
—¿Y cómo manejas las contradicciones?
—Con una sonrisa y un paraguas.
—¿Y si no tengo paraguas?
—Entonces, baila bajo la lluvia.
—¿Bailar? No soy muy buena en eso.
—No importa, solo sigue el ritmo.
—¿El ritmo de qué?
—El ritmo de tu corazón.
—Mi corazón late rápido.
—Entonces, es un baile apasionado.
—Un baile apasionado suena emocionante. ¿Y si me canso?
—Entonces, descansa en los brazos de la noche.
—La noche puede ser solitaria.
—No si llevas tus sueños contigo.
—¿Y si no sueño?
—Entonces, crea tus propios sueños.
—¿Cómo se hace eso?
—Imaginando lo imposible.
—Imaginando lo imposible suena desafiante.
—Lo es, pero también es liberador.
—¿Liberador cómo?
—Te permite ser quien quieras ser.
—¿Incluso si no sé quién quiero ser?
—Especialmente entonces.
—¿Y si me pierdo en el proceso?
—A veces, perderse es la mejor manera de encontrarse.
—Encontrarse suena esperanzador.
—Lo es, y también es un viaje.
—¿Un viaje hacia dónde?
—Hacia ti misma.
—¿Y si no me gusta lo que encuentro?
—Entonces, sigue buscando.
—¿Buscar qué?
—La versión de ti que amas.
—¿Y si nunca la encuentro?
—La encontrarás, solo ten paciencia.
—La paciencia no es mi fuerte.
—Entonces, aprende a disfrutar del viaje.
—¿Disfrutar del viaje? Suena difícil.
—A veces, lo difícil es lo más gratificante.
—¿Y si me rindo?
—No te rindas, solo toma un respiro.
—¿Un respiro para qué?
—Para recordar por qué empezaste.
—Empecé porque quería ser feliz.
—Entonces, sigue buscando esa felicidad.
—Buscar la felicidad parece una misión interminable.
—Lo es, pero cada paso te acerca más.
—¿Y si me pierdo de nuevo?
—Entonces, vuelve a empezar.
—¿Volver a empezar? Suena agotador.
—A veces, lo es, pero también es una oportunidad.
—¿Una oportunidad para qué?
—Para descubrir nuevas partes de ti.
—¿Y si no me gustan esas partes?
—Entonces, trabaja en esas partes.
—¿Y si aún así no estoy satisfecha?
—Entonces, recuerda que la vida es un constante aprendizaje.
—¿Un aprendizaje hacia qué?
—Hacia la paz contigo misma.
—¿Y si no encuentro esa paz?
—La paz no siempre se encuentra, a veces se crea.
—¿Cómo se crea?
—Con cada pequeño acto de amor y aceptación.
—¿Y si fallo en esos actos?
—Entonces, vuelve a intentarlo. La belleza está en el intento.
—¿Y si me canso de intentar?
—Descansa, pero no te rindas. La vida siempre ofrece nuevas oportunidades.
—¿Y si no las veo?
—Confía en que llegarán, a su debido tiempo.
—¿Y mientras tanto?
—Mientras tanto, vive, sueña y ama. Porque en cada momento, incluso en los más oscuros, hay una chispa de luz esperando ser descubierta.
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