28 marzo 2024

Somos cómplices

Hoy, mientras el sol se desvanecía en el horizonte, mis pensamientos se enredaron en los matices de tus ojos. Esa mirada profunda que parecen contener todo un universo de secretos y promesas.

Tu sonrisa, esa curva que ilumina mi mundo, son como rayos de sol en un día nublado. Cada vez que tus labios se curvan, siento que la vida cobra sentido. Es como si me dijeras: “Estamos juntos en esto, sin importar qué, somos cómplices”. Y en ese abrazo silencioso de nuestras almas, encuentro consuelo y fuerza.

Así que aquí estoy, sosteniendo esta pluma, tratando de capturar todo lo que siento por ti. No necesito versos grandiosos ni metáforas elaboradas. Solo quiero decirte que eres mi inspiración, mi razón para creer en el amor verdadero. En este mundo caótico, tú eres mi constante, mi ancla en la tormenta. Que nuestras miradas sigan hablando en silencio, que nuestras sonrisas sigan iluminando el camino y que la esperanza nos guíe hacia un futuro lleno de amor y aventuras.

Los momentos compartidos entre nosotros son como páginas de un libro que escribimos juntos. Cada risa, cada conversación a altas horas de la noche, cada paseo bajo la lluvia, todos ellos se entrelazan en nuestra historia. Recuerdo cómo nuestras manos se encontraron tímidamente por primera vez, como dos piezas de un rompecabezas que finalmente encajaban. Esos momentos son tesoros que guardo en el cofre de mi corazón.

Y luego están los momentos más profundos, los que solo los ojos del alma pueden ver. Cuando me miras con esa mezcla de ternura y pasión, sé que estamos conectados de una manera inexplicable. En esos momentos, el mundo se reduce a nosotros dos, y todo lo demás se desvanece. ¿Recuerdas aquella vez que caminamos sobre las calles empedradas, mirando las estrellas? Hablamos de muchas cosas llenas de ilusión y alegría, tú me compartías tus alegrías y tus luchas sin reservas.

La pasión que compartimos es como un fuego ardiente que consume todo a su paso. Es la electricidad en el aire cuando nuestras manos se rozan, la intensidad de nuestros besos bajo la lluvia. En cada encuentro, siento cómo mi corazón late al ritmo del tuyo, como si fuéramos una melodía que se eleva hacia el cielo.

Nuestras miradas se encienden con deseo, y nuestros cuerpos se buscan como imanes. En esos momentos, no hay espacio para las palabras, solo existe la urgencia de estar cerca, de fundirnos en un abrazo apasionado.

La pasión no solo está en los momentos íntimos, también la encuentro en las pequeñas cosas. Como cuando compartimos un helado en el atardecer, riendo de cosas tontas sin sentido. O cuando nos preguntábamos para encontrar algún tesoro olvidado en nuestras mentes, sin preocuparnos por el mundo exterior. Cada risa, cada caricia, está impregnada de esa pasión que nos une.

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