En la penumbra de sus ojos, encuentro el abismo de mis deseos. Su piel, un mapa de secretos, traza caminos que solo yo deseo recorrer. Las palabras se enredan en sus cabellos, y en su sonrisa, encuentro la melodía de mis noches insomnes. ¿Qué es eso que me atrae hacia ella? ¿Una promesa de placer o una amenaza de perdición? No lo sé, pero me sumerjo en su mirada como un náufrago en el océano, buscando refugio en sus mareas.
Soy atrevido, sí. Le confieso mis pecados en códigos, como si el viento pudiera llevarlos lejos. Pero ella, ella guarda sus secretos bajo la piel, en los pliegues de su silencio. Y yo, como un ladrón de sueños, robo momentos furtivos en los rincones de su alma. Así, entre suspiros y caricias a distancia, tejemos una historia de pasión clandestina. No hay palabras explícitas, solo deseos que arden como brasas.
Los secretos ocultos son como las notas al margen de un libro antiguo, escritos en tinta invisible entre las líneas visibles. Permiten que la historia cobre vida más allá de lo evidente, y solo aquellos dispuestos a descifrarlos pueden acceder a su significado más profundo. En el rincón más íntimo de su ser, ella guarda sus deseos más oscuros. Son como gemas enterradas en la arena, esperando a ser descubiertas por manos curiosas. ¿Qué es lo que anhela? ¿Qué pasiones la mantienen despierta en las noches solitarias?
Quizás sea el sabor de la lluvia en su piel, o el eco de una canción que la transporta a lugares lejanos. Tal vez sus secretos se escondan en el parpadeo de sus ojos, en las palabras que saborea como vino añejo. O quizás, solo quizás, sus sueños son el cofre donde guarda sus deseos más prohibidos.
¿Y yo? Yo soy el cómplice silencioso que escucha sus confesiones. En la penumbra de nuestras conversaciones, desentrañamos los enigmas de su alma. A veces, sus palabras son como llaves que abren puertas hacia territorios inexplorados. Otras veces, son como nudos que atan nuestros destinos juntos. No hay prisa. Los secretos ocultos se revelan cuando están listos, cuando la luna está en su punto más alto y las estrellas titilan como promesas.
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