Bajo el manto de una guerra hermosa,
se desvanecen las sombras temerosas,
en la penumbra de un cuarto sellado,
nuestros suspiros quedan entrelazados.
Ella, silueta de deseos encarnados,
con un beso robado, los destinos han cambiado,
le abrazo con fuerza, sin ningún recato,
y en su cintura, mi mano ha encontrado.
El mundo exterior ya no nos pertenece,
en su abrazo, toda realidad desaparece,
sus labios, un fruto que con fervor muerdo,
y en su oído, mi pasión se convierte en murmullo.
Con delicadeza, su cuello acaricio,
y en su cabello, encuentro el paraíso,
sus ojos encantados, estrellas en mi cielo,
ante su mirada, cualquier resistencia es hielo.
En nuestro encuentro, el silencio es poesía,
un secreto compartido, una dulce utopía,
un lazo que el tiempo no puede deshacer,
dos almas en vuelo, que nadie puede detener.
En la intimidad de nuestro refugio,
sus pechos se alzan, firmes y fugitivos,
como dos lunas llenas, pálidos y vivos,
en ellos me pierdo, en ellos me sumo.
Sus ojos encantados, espejos del alma,
reflejan estrellas, reflejan la calma,
en su mirada profunda, el universo se pausa,
y en su brillo, mi corazón causa.
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