Yo quería besarla por última vez,
aunque sus labios fueran de papel,
delicados, frágiles, pintados con rojo labial,
como una promesa rota en carmín.
Con letras negras escritas,
el silencio gritaba en su boca:
ven y bésame por última vez,
como si el amor se pudiera plegar y guardar entre páginas rotas.
Sus labios, firmes en la despedida,
eran tinta y deseo en despedida muda,
un silencio sellado por el tiempo,
un adiós dibujado con urgencia.
La besé… y el papel tembló en mi aliento, como si aún latiera.
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