Esas perlas que luces, preciosas y finas,
en tu rostro resplandecen, dos joyas divinas.
Brillan, seducen, en el alma se incrustan,
son dulces, intimidan, en su misterio se ajustan.
Tus ojos, dos astros de belleza sin par,
los más embriagadores que jamás pude hallar.
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