Había un sultán que vivía muy insatisfecho de su vida como hombre poderoso y rico, siempre con compromisos, reuniones, visitas y todo ese tipo de cosas. También en el mismo reino vivía un hombre vagabundo, lo único que poseía eran los trapos con lo que vestía, sufriendo toda su vida por su desgracia.
Un día, el sultán salió por su ventana a ver el sol, mientras lo hacía, vio al vagabundo pasar y se dijo: como quisiera ser el, libre, despreocupado de tanta responsabilidad, sin cadenas para ir a donde quisiera. El vagabundo que paso por el palacio vio al sultán y se dijo: Como quisiera ser como él, rico, poderoso y sacar a todos de su miseria.
Una Ada traviesa los escucho y planteo que podía hacer algo y darles la oportunidad para que cumplieran con su sueño. Así que conjuro palabras mágicas y dijo: Triste realidad, Dulce mentiras. Cuando el sultán y el vagabundo fueron a dormir, no esperarían que al despertar, nada fuera igual.
Despertaron en la mañana, el sultán era un vagabundo, el quedo asombrado, pero cambio su perspectiva cuando vio que era muy difícil conseguir comida, estaba enfermo y nadie lo ayudaba. El vagabundo que se convirtió en sultán, se asombro, pero rápido cambio su perspectiva, era cruel, avaro y codicioso.
No tardaron mucho tiempo en tomar decisiones tontas, el vagabundo empezó a robar para sobrevivir y el sultán a conquistar países.
Pero sus decisiones tienen consecuencias, el que era sultán-vagabundo fue atrapado y condenado a muerte, mientras que el vagabundo-sultán fue atrapado por el enemigo y condenado a muerte.
Antes de que la guillotina les cortara sus cabezas, ambos desearían ser lo que eran en un principio, lo deseaban tanto y suplicando, que la Ada los escucho y les concedió regresar nuevamente como eran antes.
Despertaron en la mañana, se tocaron el cuello y se dieron un pellizco para comprobar si estaban despiertos y era real todo. El sultán salió por a ver a la ventana y el vagabundo busco por donde estaría el sultán. Ambos se vieron, no se dijeron nada, y volvieron a su vida normal. Se propusieron a ser mejores todos los días del mañana.
Es mejor luchar por alcanzar los propósitos, porque mientras lo hacemos, aprendemos a ser mejores personas.
Dulce realidad, triste fantasía......... Fin